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Dark In The Dance
Entrevista a: Nota general
Revista: Los Inrockoptibles
Por: Arnaud Viviant
Fecha:
Junio de 2001

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Transcripción


Dark In The Dance
El nuevo disco de Depeche Mode, Exciter, es una buena ocasión para revisitar algunos viejos fantasmas: si este grupo nos hubiera gustado un poco más que Joy División, nuestro mundo tal vez sería distinto y mejor. Un disco dance para los que saben que el amor ya no es más que el gran premio de un juego televisivo.


El otro día, mientras alguien veía una propaganda de ropa en la tele con chicos y chicas vestidos de todos los colores, y subía automáticamente el sonido para escuchar mejor Just Can't Get Enough de Depeche Mode, tema que acompañaba la situación, pensó, una vez más, "No hay modo, no siempre tuve buen gusto en la época de mi fabulosa juventud". De golpe, esa persona recordó que en aquellos tiempos detestaba ese tema, que le parecía que era una cancioncita que se le hubiera podido ocurrir a Cindy Lauper en un día de dolor de cabeza. Las palabras gastadas le molestaban —le parecían, a decir verdad, indecentes. Después de todo, estábamos en 1981, algunos países europeos acababan de cambiarse de bando, se volvían socialistas, el capitalismo de golpe era una idea del pasado (¡ja, ja!), y ese truco de decir que uno nunca tenía lo suficiente, esa variación bastante patética alrededor del concepto clásico No Satisfacción, no le parecía para nada satisfactoria. Prefería, por lejos, escuchar Isolation de Joy División.
¿Todo eso para qué? Para encontrarnos veinte años más tarde, tirados en un sillón, subiendo el sonido de la publicidad como un mono bien entrenado, pensando que esa canción era buenísima, una verdadera gema pop de esas que pocos artistas son capaces de escribir, llena de innumerables sentidos —lo que siempre nos pareció una excelente definición del pop—, y que podíamos compartirla con gente tan distinta como Elvis Costello, Lester Bangs y Human League.
Así, dejábamos ir y venir nuestro esponjoso cerebro alrededor de la siguiente reflexión: si en aquella época hubiésemos apoyado un poco más a Depeche Mode y un poco menos a Joy División, el mundo actual sería sin duda más coherente y más popular, y estaría menos dividido. Y sobre todo, nosotros mismos seríamos más coherentes y más populares, y estaríamos menos divididos. Lo queramos o no, escribir un artículo sobre Depeche Mode es necesariamente escribir un artículo sobre uno de nuestros más rotundos fracasos. Una idea del mundo ganó y, más allá de lo que pensemos de ella, nos vemos obligados al fin de cuentas a decir actualmente que DM la acompañó, la magnificó, la musicalizó y la ilustró mejor que ningún otro grupo de su época. De hecho, los muchachitos de Basildon lo hicieron con una dignidad constante, imperturbable, sin dar a entender que necesariamente estuviesen de acuerdo con esas desgraciadas transformaciones, sino más bien manteniendo una distancia a toda prueba entre el mundo y ellos. Es la ventaja de ser una estrella de rock.
Evidentemente, DM nunca imaginó ser particularmente rebelde. No se hicieron íntimos amigos de Salman Rushdie o Wim Wenders, ni militaron por la selva amazónica. Lo único que hicieron fue drogarse, drogarse, drogarse... hasta terminar adquiriendo una especie de lucidez feroz a lo William Burroughs. Porque, sin hacer demasiado ruido, vieron venir todo lo que finalmente pasó. La decadencia de la lucha de clases, transformada en el mejor de los casos en un juego sadomasoquista crepuscular ("Mascers and servants /A gameyou like co play at the end ofthe night"), el culto al individuo (Personal Jesús), la violencia (Violacor), la masificación de las emociones... (Music For The Masses). Resultado de esas visiones populares: 51 millones de discos vendidos y un grupo aún con vida —mientras que Joy División, a pesar del inaudito gesto publicitario de lan Curtis, hoy no es más que una pequeña pared amarillenta y meada en la historia del rock. Es triste decirlo: el mundo, por supuesto, tendría que haberse parecido a una canción despedazada de Joy División, siempre al borde del derrumbe, de la angustia más intranquila posible. Pero nosotros perdimos, y el mundo tomó la melancólica solidez de fábrica propia de un disco de Depeche Mode, cantado con una voz grave y ausente por Dave Graham, armado por ese Mozart de las máquinas que es Martin Gore. "Can'[ you feel a lítele ¡ove?", susurra Graham al principio del nuevo disco, Exciter, con la voz de un predicador paidófilo que se dirige a los internos de un orfanato. La respuesta, por supuesto, es no. Y hasta el noveno tema, este disco de gente ausente, esta música de contestador telefónico está destinada a todos los que saben —y son multitud— que frente a esa pregunta podrida, una pregunta que hasta al mismísimo Al Green le costaría hacer, hay que agachar la cabeza y responder absolutamente: no. "People are people, a rose is a rose", y nadie ama a nadie. No, Dave, no sentimos amor. Y sí, Martin, con esa falta de amor podes crear un single contemporáneo con las rodillas un tanto tembleques que va a ser un éxito por todas partes. Porque es verdad. Exciter es entonces un disco para todos los que saben que el amor se ha convertido en el gran premio de un juego televisivo, una droga que los dealers cortaron hace tiempo, un contrabando de esperanza a nivel mundial. "Dream on " es la conclusión de la canción. Seguí esperando...
Depeche Mode vende fríamente preocupaciones, sin gemir más de lo razonable, sin comprometerse, cantando y tocando con un amable desapego, y con la objetividad de un reportero de la CNN. Lo cierto es que es así y no podemos cambiar absolutamente nada al respecto. Tan sólo ponerle reverb a todos los instrumentos, como para darle a esa resignación de grupo de consumidores un pequeño toque de espiritualidad. Sin embargo, en el fondo, ni un adolescente debe equivocarse al respecto. ¡Y si algún jodido se obstina en hacer que el mundo se derrumbe, que escuche rap! Hasta el noveno tema, decíamos. Porque el disco empieza ahí. Con una canción que se llama / Feel Loved y que parece una sarcástica variación del / Feel Lave de Donna Summer/Giorgio Moroder. Una violenta burla de esa época disco con lentejuelas, de las ilusiones con las que se regaba por entonces las pistas de baile, de la agitación morena que reinaba por esos tiempos. Ahora hay que hablar de eso en pasado. / Feel Loved es un sorprendente disco-magdalena, una maligna música disco proustiana sobre la cual los Charlus de hoy en día irán una última vez a balancearse antes de caer hechos polvo bajo la mirada entristecida del narrador. Luego viene Breathe, balada de guitarras gangosas, un tema a lo Badalamenti para cabaret lynchiano, con una letra más neorrealista imposible. En ella se habla de un rumor y de la manera en que se propaga -algo así como si Depeche Mode se acordase de la atmósfera provinciana de Basildon, de la coerción de los vecinos, de las vidas mezquinas.
El disco se vuelve entonces otra vez humano, ya que la arrogancia que mostraba desde el comienzo no podía sostenerse, y por más que uno se aleje lo máximo posible de la miseria del mundo, ésta siempre termina por alcanzarnos. Es una grieta en el hielo del disco, el momento en que los maniquíes rompen el vidrio y salen a la superficie. Y los colores regresan lo suficiente como para que Exciter se atreva a terminar con una impactante canción de cuna: Goodnight Lovers. La letra dice: "When you're born a lover/ You're born to suffer/ Like all soul sisters and soul brothers". Gahan canta finalmente como si todo eso lo involucrara un poco. Dios ha regresado a la Tierra y ha exigido detener todos los juegos televisivos. El amor ya no es un trofeo, sino una materia. ¿Quién sabe si dentro de veinte años esta espléndida canción no servirá para vender ropa?

Exciter (Mute/Sum Records).
 

 

 
 

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